Mi abuela Clara yace corneada en el suelo

Mi abuela ya ha sido alcanzada por el toro, que parece pensativo, como si estuviera decidiendo contra quién dirigirse a continuación. A la derecha del astado corre despavorida mi tía María Jesús, con el bolso de su madre en la mano derecha. Es curioso qué cosas hace la gente en los instantes de mayor peligro. Seguro que el bolso no valdría gran cosa, pero mi tía no dudó en rescatarlo ante los hocicos de la bestia.

Ahí mismo, junto a esas barras que delimitan las taquillas de la Plaza de Toros, unos guardias civiles consiguieron derribar a limpio tiro al animal. Clara Herrera tuvo la gran suerte de ser operada de urgencia, en la enfermería de la Plaza de Toros, que siempre ha contado con cirujanos de gran valía. Y, a pesar de la gravedad de las heridas (fue corneada en el perineo) se recuperó completamente, tras algo más de un mes en el hospital.

Mi abuela Clara yace corneada en el suelo

A consecuencia de este incidente, el Ayuntamiento de Pamplona decidió levantar en todo el recorrido del Encierro un doble vallado, medida que ha llegado hasta nuestros días, aunque, que yo sepa, nunca se ha vuelto a producir la rotura de un madero a consecuencia del impacto de un toro. No es cosa fácil, porque son vigas muy gruesas y están reforzadas de hierro, pero también hay que tener en cuenta la fuerza y corpulencia de los animales que se lidian en Pamplona, plaza acostumbrada a ver toros de más de seiscientos kilos de peso.

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